lunes, 29 de marzo de 2010

Mi Pepe Grillo

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Es domingo, es tardísimo y aún no tengo sueño. Luego del terremoto he sufrido de más insomnio de lo “normal”, pero justo a un mes de lo sucedido, ocurrió un terremoto en mi alma… Nicolás, si, mi amado Nicolás me recordó muchas cosas el sábado por la noche, y créanme que luego de esa conversación hay muchas partes, de esas que suelen andar nadando sueltas por ahí, que se remecieron nuevamente en mí. Este precioso siempre toca la fibra más delicada de mi corazón, y se convierte en el Pepe Grillo que tanto necesite para que la vida no me pase por el lado. Gracias por volver a dejarme claro que hay que hacer lo que amamos en la vida, que hay que intentar ser felices, que hay que hacer cosas que enriquezcan el alma, que no hay que dejar que el tiempo y tantas otras porquerías acaben con nuestros sueños. A la vez, le recordé que nada ni nadie es más fuerte que nosotros dos juntos y todos estos años que hemos construido, aunque con algunas dificultades, hemos hecho de nuestros sueños algo posible.

¿Quién más que tú podría entender mis canciones y dibujos? ¿Quién podría calmar mis arrebatos y me podría iluminar el día con ese Sol que eres tú? ¿Quién podría saber que tengo la mitad del mundo en mi, que quiero explotar? ¿Quién más te amaría de forma tan incondicional? ¿Quién más podría recorrer tu pelo y llegar a tu boca en un segundo? ¿Qué otra mano podría guiar el cosquilleo de tu cuerpecito a ese mismo cosquilleo de tu mente? Espero ansiosa el día en que toda esa energía y entusiasmo por lo que haces vuelva y que yo cuente con el tiempo necesario para poder hacer las cosas por las que tengo tanta energía y entusiasmo por hacer.

Te amo mucho mi vocecita susurradora, mi cometa para volar…

sábado, 13 de marzo de 2010

Fetiche #3; el joyero de mi Meme

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Cuando entramos con mi hermana al departamento después del terremoto, ya era de día, y comenzamos a ver todo lo que se había caído. Habían muchas cosas que se rompieron, pero también habían otras que milagrosamente habían salvado. Una de ellas es el joyero de mi abuelita, a la que cariñosamente le decíamos “Meme”.

Nunca he sabido mucho de su procedencia, pero si recuerdo que desde chica alucinaba con la idea de que este joyerito pasara a ser mío. Desde que mi abuelo murió el año ‘93, las cosas de la casa de mis abuelos comenzaron a ser repartidas, regaladas y vendidas, otras fueron conservadas por nosotras, de las cuales esta cajita es solo una de la larga lista de “objetos heredados”. Hay una película que me recuerda todo este proceso; “Las horas del verano”, aunque estos objetos tal vez no tengan el mismo valor económico, patrimonial o artístico, tienen la gracia de hacernos crear y conservar ciertos vínculos con el pasado. Mi abuelita lo tenía en su dormitorio, y un día, de esos en que al parecer llegamos a despegarnos por completo de lo material, me lo regaló.

Ese día, después de todo, lo encontré un poco desolado, con su contenido en el suelo, pero intacto, completo, brillante y hermoso como siempre. Lo tomé y lo abracé. Me dije “La Meme no quiso que se rompiera”. Algo pasó ese día, que cosas tan frágiles como esta no se rompieran. Son esas cosas las que siempre me hacen confirmar que mis abuelitos nos cuidan.

lunes, 8 de marzo de 2010

Volviendo a la calma…

Hace tiempo que he tenido “botado” el blog, ya que estos últimos meses, exceptuando la semana de vacaciones en febrero, han sido full trabajo y muchos cambios en mi vida, por lo que relatarlos en el blog resulta casi una odisea… Había pensado en escribir tantas cosas, sobre las vacaciones, sobre estos primeros años en los que me he sentido más grande, sobre el amor, etc. Pero la vida siempre nos tiene sorpresas, y una de ellas la recibí el día sábado 27 de febrero a las 3:34 am, mientras dormía en mi cálida cama, la tierra, como es de costumbre en este bello país, comenzó a moverse. Me levanté rauda y caminé muy rápido a la “zona de seguridad” del departamento; el hall de entrada, la que se ratificó como zona de seguridad después de ese día. El temblor era muy fuerte los primeros segundos, me puse bajo el marco de la puerta de calle y la abrí como siempre, para evitar que se trabara. Pero la tierra no paraba de moverse, y ya llevaba más de 30 segundos en eso, cuando vino el fuerte movimiento, esos más de 8° grados que sacudía la tierra. Me asusté mucho, a pesar de vivir en Chile, este era el primer terremoto que vivía. La luz se cortó, vi explotar las luces en la calle, me escondí debajo de la mesa del comedor y luego, a mi hermana que corría y gritaba nerviosa, la tomé de un brazo y la ubiqué donde yo estaba. El temblor no pasaba, y en esta tierra llena de volcanes y placas, uno puede esperar cualquier cosa, incluso llegué a pensar que podría ser el volcán Maipo, o bien una bomba… bueno, de lo único que estaba segura, es de que no era un temblor cualquiera. Pasaban lo minutos, y miraba a todos lados. Esa interrupción del silencio a medianoche, ese sonido a vidrios rotos, a hormigón sacudido, esos destellos de los transformadores quemados, ese movimiento que te impedía estar en pie, es algo que nunca en la vida podré olvidar… fueron los casi 3 minutos más aterradores de toda mi vida, no se imaginan. Creí que me iba a morir, que el edificio se iba a caer, que hasta aquí no más llegaban las historias diarias que conforman esto que llamamos vida. Cuando se detuvo, no podía creer lo que acababa de vivir. Con mi hermana nos alistamos a preparar una mochila y ponernos zapatos. Bajamos desde el segundo piso al hall de nuestro ex colegio, que gracias a Dios queda justo en frente del edificio, y el tío Pedro, uno de los cuidadores nocturnos, nos recibió amorosamente. Estuvimos allí hasta pasadas las 7.30 am, nos dio tecito y nos tranquilizó. Las luces de emergencia brindaron esa calidez necesaria para comenzar a respirar. Desde el mp3 de mi hermana, escuchaba las noticias. Fue ahí cuando tuve miedo; la intensidad de 8,8° grados del terremoto, y lo peor; el epicentro ¡era en Concepción!… y nosotras, que aunque estábamos solas, estábamos tranquilas porque se suponía que esto pasaba en Santiago. Nuestra mamá estaba en una zona cercana a Linares, o sea, mucho más cerca que nosotras del epicentro. Nuestra tía abuela, la que pensamos en un comienzo “que bueno que esté en Conce, no sintió el terremoto”, justamente estaba allá. Mi primo y sus hijos, mi prima, y toda la gente que vive por allá… que susto, ¡Dios!. Fue ahí que nuestra peregrinación celular comenzó, tratando de contactar a mamá, por otro lado estaba desesperada por escuchar la voz de Nico, que en ese entonces estaba en Chiloé (el terremoto fue solo de 4° allí), la que siempre me logra tranquilizar. Pasaban las horas, y las noticias eran cada vez peor. Por la radio, pocos minutos después del terremoto escuché clarito y CON TODAS SUS LETRAS que NO HABÍA RIESGO DE TSUNAMI…(???). Recibía las noticias de que la iglesia de la Divina Providencia había perdido su cúpula, que tal puente había caído, que en Concepción se cayó un edificio, y así… Cerca de las 7 am, sonó el teléfono; era el llamado de Nico, al fin hablábamos. Estaba impactado, me contó que apenas lo sintió, me preguntó como estábamos, fue genial, un momento mágico el momento en que escuché su voz, su calma y apoyo. Luego de un rato, ¡mamá llamó! uuufff…. que alivio, estaba bien, asustada, una voz que nunca le había escuchado. Hacia mis adentros rogaba que volviera lo antes posible… Apenas amaneció, nos despedimos de los cuidadores del colegio, y fuimos a casa… Mi gata, escondida, lloraba desesperadamente. Debe haber pasado mucho susto, además de miedo por vernos nerviosas y “escapando” una vez finalizado el terremoto al colegio Las cosas estaban en el suelo, extrañamente mis libros no se cayeron, pero si mis discos y mis casettes (aún tengo, jaja), botellas, floreros, los marquitos de foto, mi lámpara de cera, un cuadro, y así… creíamos que eso era casi fatal, pero con ánimo comenzamos a limpiar y a ordenar mientras seguía escuchando las noticias. Le dije a mi hermana que saldría a ver algún lugar donde comprar algo para tomar y comer, además de las tan necesarias pilas. Me dolía la cabeza, no había dormido nada, estaba tiritando de nervios. Con mi cámara fotográfica revisé el barrio, todo en pie. Nuestro edificio realmente espectacular, ni una sola grieta. Un par de cornisas y un edificio antiguo que hoy es el instituto chileno-japonés eran las únicas víctimas, al menos visibles. Encontré un almacén. Compré pilas, una bebida y unos chocolates que empeoraron mi estado digestivo producto del nerviosismo. Volví a casa, mi hermano nos visitaba, lo abracé, no saben cuanto me hizo feliz ese ratito con él. Volvió la luz, y fue recién ahí que entendí con totalidad lo que había pasado… un cataclismo de proporciones, la tv nos suministró de imágenes de casa destruidas, un tsunami que si ocurrió, los puentes y autopistas destruidas, un edificio enorme en Conce completamente abajo, un condominio en Maipú casi en el suelo, y así, súmale y sigue. Rato después me conecté a internet, ufff, fue difícil, las conexión estaba lenta, los teléfonos estaban colapsadísimos, pero tuitié que estaba bien, con mucho susto pero bien. Así comencé a recibir los mensajes de aliento y sobre todo de mucha empatía y preocupación de ustedes, amigos blogueros y twitteros, que emoción, no se imaginan cuanto chic@s ☺. El día continuó, di mi granito de arena comunicando a extranjeros con sus seres queridos, tarea que se complicó con el colapso de las líneas telefónicas, pero si puedo decir con orgullo y alegría que conseguí al menos unos 10 contactos. Pasan los días, uno se entera de tantas cosas, fallas en las constructoras, en los encargados de dar las alertas de tsunami, pero también uno se comienza a redescubrir como pueblo. Aunque suene terrible, porque si pudiera elegir, hubiera elegido que esto nunca hubiera sucedido, pero creo que este terremoto “le hará bien a Chile”, nos preocuparemos más de nuestros seres queridos, volveremos a cultivar nuestra solidaridad, los políticos se unirán, algo se hará, algo se logrará con todo este tumulto, con toda esta tragedia, algo nos dará a cambio la vida, luego de recibir tanta tragedia, de eso estoy segura… Por ahí, volveremos a ser “aperrados” y “apechugaremos” en cuanto podamos, y puchas que ya es así, viendo a los universitarios movilizándose, a las empresas, los militares, los rescatistas, los bomberos (Oh dios! todo mi reconocimiento a ellos que hacen una labor absolutamente voluntaria), los carabineros, los médicos, etc. Que lindo es ver la bandera por la calle y enorgullecerse de ella, que lindo es ver como nuestro hermanos latinoamericanos y de otros lugares nos brindan palabras de aliento (hasta Campanella al momento de recibir el premio Óscar se dio unos segunditos para saludarnos), como nuestra presidenta y nuestro próximo presidente se han unido… falta mucho, la presi dijo que de 3 a 4 años demorará reconstruir los lugares afectados… lugares como la facultad de ingeniería de la UTEM, el lugar donde iba a diario a estudiar serán demolidos por fallas estructurales críticas. Ahora es el momento de esa reconstrucción moral, de aceptar la perdida de los lugares que nos implican pertenencia y referencia dejarlos ir, y construir esa patria nueva que nace directamente desde nuestros corazones…

Este post se lo dedico a todos quienes perdieron la vida en esta catástrofe, y a quienes me han hecho feliz durante estos días con sus mensajes de aliento…