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sábado, 13 de marzo de 2010

Fetiche #3; el joyero de mi Meme

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Cuando entramos con mi hermana al departamento después del terremoto, ya era de día, y comenzamos a ver todo lo que se había caído. Habían muchas cosas que se rompieron, pero también habían otras que milagrosamente habían salvado. Una de ellas es el joyero de mi abuelita, a la que cariñosamente le decíamos “Meme”.

Nunca he sabido mucho de su procedencia, pero si recuerdo que desde chica alucinaba con la idea de que este joyerito pasara a ser mío. Desde que mi abuelo murió el año ‘93, las cosas de la casa de mis abuelos comenzaron a ser repartidas, regaladas y vendidas, otras fueron conservadas por nosotras, de las cuales esta cajita es solo una de la larga lista de “objetos heredados”. Hay una película que me recuerda todo este proceso; “Las horas del verano”, aunque estos objetos tal vez no tengan el mismo valor económico, patrimonial o artístico, tienen la gracia de hacernos crear y conservar ciertos vínculos con el pasado. Mi abuelita lo tenía en su dormitorio, y un día, de esos en que al parecer llegamos a despegarnos por completo de lo material, me lo regaló.

Ese día, después de todo, lo encontré un poco desolado, con su contenido en el suelo, pero intacto, completo, brillante y hermoso como siempre. Lo tomé y lo abracé. Me dije “La Meme no quiso que se rompiera”. Algo pasó ese día, que cosas tan frágiles como esta no se rompieran. Son esas cosas las que siempre me hacen confirmar que mis abuelitos nos cuidan.

martes, 8 de diciembre de 2009

Fetiche #2; la cajita de tronco

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Crean que no es nada de fácil hablar de este fetiche justo en este momento, pero lo haré porque estaba en mi lista desde hace tiempo, y por más que trato no puede desaparecer.

Años atrás, cuando las cosas eran felices y tranquilas, me trajo esta cajita hecha de un delgado tronquito. Siempre de sus viajes me traía algo curioso o al menos algún pequeñito recuerdo que me hacía recordar que su vida es así, y que si lo amaba tenía que esperarlo de sus trabajos en terreno. Y así siempre fue, como en cada salida a terreno lo fui a dejar y a buscar, me encargué de saber todos los días como estaba, como se sentía, que cosas nuevas contaba, como siempre soñaba llevarme al lago de noche, con la luz de la luna, como siempre se acordaba de mi, y como yo lo llevaba conmigo en cada momento y en cada lugar. El regreso era una cosa de aquellas. No nos podíamos soltar, nos habíamos extrañado demasiado, más de lo que se debería. Recuerdo la tristeza que sentía al no tenerlo cerca mío, pero también recuerdo la alegría de volver a verlo, casi como una ilusión, con ese beso mojado y su mirada perdida de amor.

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Ahora solo me quedan sus regalos, los que seguirán llenando varios espacios de la larga lista de fetiches que tengo. Pero hablo más de la cajita; la amo porque es tan natural pero perfecta a la vez, tan simple y tan sofisticada a la vez, tan bella, y tan extrañamente fea a la vez, de esas bellezas extrañas. A veces pienso que eso te hizo acordarme de mi, y que por eso me la trajiste. En el centro tiene una flor, un extraño corazón, casi como una promesa, mientras la gente que nunca nos conoció ni supo siquiera de una pizca de nuestro amor sigue hablando y comentando, metiendo la chuchara con sus comentarios fuera de lugar, sin saber cuanto nos amamos y cuanto soñamos, cuan incondicional sigo siendo a pesar de toda esta pesadilla y el daño causado, cuanto te amo a pesar de la traición, cuantas veces lloramos de amor, cuanto sufrimos ahora…

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Fetiche #1; el dolor lo dejo en un frasco

El otro día anuncié en Twitter que tendría una nueva sección, muy ñoña por lo demás, pero que de solo pensarla me encanta.

Creo que solo hay una delgada línea que separa el “simple” fetiche, al deseo materialista de la vida. Pero creo que mientras esos objetos tengan más valor en su significado e historia que en dinero, no hay mayor problema.

Según la Rae;

fetiche.

(Del fr. fétiche).

1. m. Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.

No creo que estos objetos caigan en la categoría de amuletos u objetos que tengan un poder especial, sin embargo han sido parte de mi vida por elección o simple destino, por lo que compartir con ustedes parte de mi vida a través de esos objetos maravillosos, me parece fascinante :D

Fetiche #1; el dolor lo dejo en un frasco

fetiche_019Pueden encontrarlo asqueroso, excesivo, repugnante, demasiado fetichista, y hasta medio sadomasoquista, pero así como muchas mamás aún tienen los dientes de leches de sus hijos, yo tengo mis muelas del juicio.

Es que les tengo cariño, aunque no lo crean tienen muchísimo significado en mi vida. Aún recuerdo, que un día después de cumplir 17 años (24 de agosto de 2004), me saqué la primera tanda (frasco izquierdo), y comencé mi pololeo con Nico al día siguiente (25 de agosto), por lo que comprenderán lo gracioso de la situación. La extracción tuvo que ser con cirugía, pero salió sin mayores complicaciones, salvo un detalle; el anti inflamatorio. Tuve unas escenas aquellas, tipo el exorcista durante la noche. La segunda tanda fue justo un mes después, y ahí no tuve problemas digestivos, sino que faciales. Tuve una semana la mejilla morada (y eso que la cirugía fue en un buen lugar :S). Al Nico, con que apenas llevábamos menos de un mes de pololeo, le daba vergüenza a andar de la mano conmigo por la calle, porque pensaba que la gente creería que me pegaba xD.

Ahora me encanta tenerlas fuera de mí, en esos frasquitos se ven tan re lindas, tan indefensas y amistosas. Y de paso, doy gracias por no tener que vivir de nuevos cuatro extracciones del demonio…

Espero ve ir pronto con otro fetiche (que entre el podcast, el trabajo y otros proyectos no me ha dado tiempo dedicarme a mi querido blog…)

Saludos amigos blogueros, los quiero!